A vueltas quietas
“Necedad… necedad para… para qué… cómo se dice… necedad de esto… todo esto… necedad desde todo esto… de todo esto… entrever al parecer… entrever… necesidad al parecer de entrever… tenue a lo lejos allá lejos que… necedad de necesitar al parecer… entrever tenue a lo lejos allá lejos qué… cómo… cómo se dice… cómo se dice…”
“Paradójicamente, es en la forma donde el artista puede encontrar una solución de alguna clase. Se trata de dar forma a lo informe. Probablemente sólo en ese sentido podría existir una especia de afirmación subyacente”.
Finnegans Wake
“Anhelar la mente susodicha largo tiempo perdida para el anhelo. La susomaldicha. Hasta ahora susomaldicha. A fuerza de largo anhelo perdido para el anhelo. Leve anhelo en vano aún. A más leve aún. A lo levísimo. Leve anhelo en vano del mínimo anhelar. El mínimo anhelo indisminuible. Inaquietable mínimo en vano de anhelar aún.”
“En una fiesta, un presunto intelectual inglés me preguntó por qué escribía siempre sobre la angustia. ¡Como si fuese perverso hacerlo!... Me marché de la fiesta en cuanto pude y tomé un taxi. En la mampara de cristal, entre el taxista y yo, había tres rótulos. En uno se pedía una caridad para los ciegos, en otro una ayuda para los huérfanos, en el tercero un donativo para los refugiados de guerra. No hay que ir muy lejos para buscar la angustia. Nos grita a la cara dentro incluso de los taxis de Londres”
“Godot se lo pasa pipa al lado de esta desolación y esta penuria: (“Dios me valga, otra cosa no sé hacer”)”

PorFinBlog

Un Blog por y para las Artes Escénicas, en Jaén y en el mundo.

PALOMAS

​​    ​ Los domingos puede verse en el rostro de la gente la expresión dejada por el trecho que va de lo que quisieron ser a lo que son.     Será la luz.     Hay rostros satisfechos en los que la maldad es evid...
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EL JUEGO DE LA VIDA

     Uno de los capítulos de la Serie "Poemas Oscuros" que emitimos en el programa "Teatrerías" de 9laloma.tv, y que a través de este blog compartimos con todos los que amáis la poesía.

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DULCE HOGAR (Video-Ficción)

     En base al cuento de Mª Teresa Morales, hicimos este "corto-corto" para participar en el "Concurso de Video-Minuto" que la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Torreperogil convocó para el Día Contra la Violencia de Género, con la sola intención de hacer presentes estas situaciones que se suceden en muchos de nuestros hogares y que se mantienen en silencio. Conseguimos el Premio, pese a que el video se grabó con sonido directo y no se editó posteriormente. Gracias!

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EVA BRAUN

     Esta fue, sin lugar a dudas, una de las mejores escenas que el Ciclo "Mujeres en la Historia" de la sección "Teatro Ap-arte" de nuestro programa "Teatrerías" en 9laloma.tv, ha emitido (27-09-14). Con el texto de Borja de Diego, la actriz Laura Jo Schumacher realizó una magnífica interpretación, cargada de registros que, con su acento alemán, dio una especial credibilidad a la acción.

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DISPAR, de Juan Troyano Hernández

     Fría está la baldosa. Una película de polvo no deja ver el verdadero color que tiene. Dicen los entendidos que no es polvo, que son arañitas muy pequeñas a las que han bautizado como ácaros del polvo, de esa clase de polvo que no es divertida.

     Tumbado bajo la cama, espero. Estoy triste. Estoy muy solo. Me da igual el frío, apenas lo noto. Mis defensas son invulnerables. Me pregunto donde estará mi compañero, mi sufrido compañero. Algo le sucedió una mañana. Escuché claramente un “crack”, sabía que algo se había roto.

     Se lo llevaron una buena mañana, desde entonces esta pegajosa soledad me envuelve. Intento salir de aquí pero no sé, algo me lo impide ¿donde está mi compañero?

     Si muere yo moriré con él. Un final trágico para los dos. No puedo vivir sin él. Toda una vida siendo contínua y cruelmente pisoteados, bajo la lluvia, sobre el polvo, sobre el barro.

     Vuelve compañero, si no, nada tendrá sentido y moriré.

     Desagradecida, después de todo lo que hemos hecho por ella, ayudándola a simular metro ochenta cuando solamente mide metro setenta. Además, soportar los noventa kilos no los soporta cualquiera. Mira mi compañero como ha acabado, destrozado.

      Antes había zapateros que nos curaban, ahora vamos directamente a la basura. Mi compañero ya está allí, yo llegaré después, cuando alguien sepa donde estoy.   No puedo esconderme, sólo esperar que nadie se acuerde de mí.

     (JUAN TROYANO HERNÁNDEZ, 2015)

           

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AY ANA, ANA!

AY ANA, ANA!

     Ana me dejó. La quería. Sufrí. Ay, Ana. No sabía qué hacer. Me paseaba de un lado al otro en el piso de Avenida Libertad. Y el piso es chico. Me sentaba, caminaba, volvía a sentarme, lloraba antes de dormir.

     Estaba en la hoja del periódico que envolvía la lechuga. Así llegó a mis manos el Sudoku. Me llamó la atención la cuadrícula, junto al horóscopo. Muchas casillas vacías y algunos números. Fue raro: no hizo falta leer las reglas. En la cuadrícula de diez por diez, había que completar las casillas de forma tal que en las columnas y filas aparecieran, sin repetirse, los diez números del sistema decimal. Había tres niveles: fácil, medio y diabólico.

     Me obsesioné. A la semana, ya dominaba el diabólico. Como los del periódico no me bastaban, compré en una librería una revista de Sudoku, que venía de Italia. No era cara. La liquidé en un fin de semana. Mi cerebro vomitaba las series numéricas con una agilidad que me sorprendía. Ana se fue borrando de mi mente, pero supuse que reaparecería si dejaba el Sudoku. Volví a la librería y compré más revistas.

     Los recuerdos que tenía de Ana se fueron mezclando con los números en mi cabeza. Ya no distingo su hermosa sonrisa de un tres, o una suave caricia de un ocho. Y mis días se fueron haciendo más livianos: siete y cuarto suena el despertador, tres minutos de remoloneo, ocho pasos hasta el baño, sesenta y cuatro cepilladas maxilar superior, sesenta y cuatro maxilar inferior, hervor del agua en seis minutos a fuego mínimo, a las siete y treinta y ocho ya sobre la bicicleta, mil quince pedaladas hasta el semáforo de la avenida, veinticuatro segundos hasta la luz verde, ciento veintitrés pedaladas más y llego al restaurante a las ocho en punto.

     Ayer murió Ana. La atropelló un coche. No lloré ni una lágrima. Y eso que la quería como a nadie. Justo ese día batí mi récord: un diabólico en seis minutos y tres segundos.

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