“Godot se lo pasa pipa al lado de esta desolación y esta penuria: (“Dios me valga, otra cosa no sé hacer”)”
“En una fiesta, un presunto intelectual inglés me preguntó por qué escribía siempre sobre la angustia. ¡Como si fuese perverso hacerlo!... Me marché de la fiesta en cuanto pude y tomé un taxi. En la mampara de cristal, entre el taxista y yo, había tres rótulos. En uno se pedía una caridad para los ciegos, en otro una ayuda para los huérfanos, en el tercero un donativo para los refugiados de guerra. No hay que ir muy lejos para buscar la angustia. Nos grita a la cara dentro incluso de los taxis de Londres”
Finnegans Wake
“Anhelar la mente susodicha largo tiempo perdida para el anhelo. La susomaldicha. Hasta ahora susomaldicha. A fuerza de largo anhelo perdido para el anhelo. Leve anhelo en vano aún. A más leve aún. A lo levísimo. Leve anhelo en vano del mínimo anhelar. El mínimo anhelo indisminuible. Inaquietable mínimo en vano de anhelar aún.”
A vueltas quietas
“Necedad… necedad para… para qué… cómo se dice… necedad de esto… todo esto… necedad desde todo esto… de todo esto… entrever al parecer… entrever… necesidad al parecer de entrever… tenue a lo lejos allá lejos que… necedad de necesitar al parecer… entrever tenue a lo lejos allá lejos qué… cómo… cómo se dice… cómo se dice…”
“Paradójicamente, es en la forma donde el artista puede encontrar una solución de alguna clase. Se trata de dar forma a lo informe. Probablemente sólo en ese sentido podría existir una especia de afirmación subyacente”.

PorFinBlog

Un Blog por y para las Artes Escénicas, en Jaén y en el mundo.

SANGRE JUVENIL

     Todo estaba perfectamente controlado. No había lugar para la sorpresa, para lo extraordinario, repentino. Miguel era estudiante y vivía con sus padres; conflicto generacional. María estudiaba y vivía con sus padres; en crisis la familia. Y un día descubrieron que no se amaban más allá de sus problemas. Cortaron y continuaron solos. Los padres, ajenos, disimulaban soledad en el lavavajillas, en el tostador de pan, en el horno eléctrico, en la televisión.

     - Una cocacola.

     - Una cerveza.

     Los largos, parsimoniosos días de letargo en tiempos de la fiesta juvenil.

     - Esto es un infierno.

     - Me aburro.

     - La nada. Rompamos las cadenas.

     Llovió. Florecieron los campos. El fruto maduró, fue recogido. El fuego hizo estragos. Y llovió. La sangre juvenil ya liberada no supo del futuro, jamás se sintieron tan potentes, tan dueños de sí mismos.

    Después, ya se sabe, tuvieron cuatro hijos; con los años, pesadillas, un buen sueldo, sonrisas de nylón; con los años, usar la píldora. Desencantos, un buen sueldo, un poco de lumbago, la calvicie, morirse con buen nombre, ya se sabe..., la sangre juvenil es tan cándida...

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EN UN CIELO VACÍO (Alberto Conejero)



   Quiero irme a casa, pero mi casa es la boca de un tiburón. Mi casa es un barril de pólvora, y nadie dejaría su casa a menos que su casa le persiguiera hasta la costa, a menos que tu casa te dijera que aprietes el paso, que dejes atrás tus ropas, que te arrastres por el desierto, que navegues por los océanos.

     Naufraga, sálvate, pasa hambre, suplica, olvida el orgullo, tu vida es más importante.

    Nadie deja su hogar hasta que su hogar se convierte en una voz sudorosa en tu oído diciendo: "vete, corre lejos de mi ahora".

     No sé en qué me he convertido, pero sé que cualquier lugar es más seguro que éste.

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"ES GUAPO"

     Lo siento, pero si no lo digo, reviento. El tiempo pasa. Miro mi DNI y veo que he superado ya los sesenta. Me digo: "chaval, no te queda más remedio que ir haciendo balance de lo que pudo ser y no ha sido". Realidad triste y difícil de aceptar, ya que desde 1979 (primero como Teatro "Arena" y ahora como "Porfinteatro") hemos hecho más de 60 creaciones que, sin embargo, se han olvidado de manera natural, con el beneplácito de una clase política (cercana y lejana) que se esmeró en señalar y bautizar como "cosa marginal", y a la que jamás reconocieron su significado real: trabajos diferentes que sembraron el suelo de esta sacrosanta tierra con un pensamiento imprescindible, por políticamente incorrecto y poéticamente excepcional.

     Está mal que yo lo diga, pero si de algo estoy orgulloso es de poder decir, mirando atrás, que perpetré junto a tantos amigos y enemigos, la tarea minuciosa de obrero eficaz, que consistía en la invención de oxígeno. Pero lo voy a llamar "aire fresco", porque el oxígeno que fabrican los artistas nunca se presenta a primera vista como "recuperador" y no debería ser de fiar. El arte hace daño, amigos...

     La cosa es que hoy, en que me ha dado por ir superando el cansancio que me aploma (¡este agosto traidor!), me doy cuenta que todos estos años nos han estado timando. Nos tima y nos chulea la Junta. Nos tima la Diputación. Y por si fuera poco hay que aflojar pasta en impuestos para que se produzcan y contraten trabajos escénicos que te dejan, al final de la representación, como una vaca mugiendo desconciertos y naderías.

    Treinta y ocho años dándolo todo por la cultura en esta parte de Al-Ándalus, para que ahora veas cómo la gente se zampa bodrios sin "denominación de origen", que se alientan desde las instituciones rellenando zonas predispuestas a lo hueco, al abandono, al desierto planificado. Ingeniar chorradas para conservar un puesto de trabajo es infame. Pero hacer gilipolleces por desinformación, mueve a risa. Si los gestores de cultura que nos rodean no saben nada de artes escénicas y desconocen por completo nuestra realidad teatral, que se marchen. ¿Quién los ha puesto ahí? Son de la mismo hornada de los que pretendían hacernos creer que nuestro teatro no valia para nada. Los mierdas íbamos a parar, por norma, por subvenciones ridículas, por nula repercusión en los medios que nunca nos hacían caso, por exigencias imposibles de cumplir para empresas en formación, a los basureros. Mientras tanto los "artistas oficiales" cobraban salarios dignos, salían en la foto y eso les daba el pasaporte falso de creadores. Y hacían y siguen haciendo a Lorca y Valle-Inclán, porque eso les da la etiqueta de "progres", sin conocer siquiera la profunda poesía que emanan esos textos.

     El fuego está por todas partes, pero, afortunadamente, aún la poesía tiene a bien abrirnos senderos en el peligro. Esa poesía la pone en circulación mucha gente en sus vidas cotidianas, lo que pasa es que no nos fijamos bien. Y algunos todavía la sueltan en escenarios, frente a un público desconocido y exagerado, soñando. Siempre conviviremos con las llamas, pero "es guapo" -como dice mi amigo Goyete- descubrir caminos entre el fuego. Si lo sabes apreciar, tanto calor alrededor, lejos de consumirte, acabará trabajando a favor de tu ansia de esperar.

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PERIFERIA, de Juan Troyano Hernández

     Entre las juntas de las baldosas empezaba a surgir el verdor de la hierba que se rebelaba contra aquella barrera puesta entre ella y el sol. Pequeños brotes apenas invisibles que poco a poco iban dando pinceladas, como cuadraditos verdes entre tanto gris, entre cenefas indescifrables como jeroglíficos egípcios.
     Paseaba mirando al suelo, las manos en los bolsillos, pensando en cualquier otra cosa que no fuera ver crecer la hierba entre los adoquines, allá enmedio de la calle donde surgía una grieta. Debajo había vida, sólo habia que sacarla, picar la calle, hacer hondos agujeros por donde pudiera expandirse la epidemia verde.
     Hacía frío, pero él no lo sentía. Había cierto murmullo de coches allá por el centro de la ciudad, pero en la periferia parecía como sonido ambiental, lejano. En la periferia no tenía que ir por la acera esquivando a viandantes dislocados buscando no llegar tarde al trabajo. Hombres trajeados con maletín, mujeres con minifaldas y medias seminegras, que tal vez iban con la mente puesta en como conseguir que su jefe estuviese contento con ellas. Por eso se habian puesto su mejor y más bonita y cara ropa interior.

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EL TEATRO VACÍO

     Contemplarse en el alza cero de los francotiradores, con las palabras como un arsenal para filtrar la progresión del teatro en los recintos de la ciudad. Entrar en un teatro cerrado como se profana un panteón, pero con otras inquietudes, sin el acento circunflejo de Dios sobre el umbral. Ahí está el patio de butacas en sombras, y el espacio vacío. Cabe un aplique accesible para iluminar levemente el escenario. Con la candidez de la luna a través de una claraboya. Ojalá fuese cierto. Desde el patio de butacas de un teatro clausurado los espectáculos desfilan como por el mármol de un forense. Pero en mis manos tiembla el instrumental del hermeneuta. Entrar en un teatro cerrado como se acaricia la piel de una chica desconocida en la parte más trasera de un autobús en marcha.
     Y los teatros blanqueados, los teatros como nuevos inmuebles, los teatros como esa puerta franqueable bajo los títulos de crédito y las otras advocaciones. Los teatros fuera del circuito de las alarmas, del alto voltaje de los conciertos más arduamente urbanos, o de las salas de cine, o del video y los otros inciensos donde se depara el equilibrio voraz del año. Los teatros edificados sobre solares arrancados al cardo y a la ortiga, al especulador y al cronista del tiempo. Y los espacios vacíos. En un espacio vacío se convocan las huestes, pero ¿con qué texto se recupera el sabor de la palabra?

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"RECUERDA, CUERPO"

     Somos las tinieblas en el ardor del día, las desenraizadas flores en el aire, la frescura. Somos el agua posada en las hojas en presencia de la muerte. Nuestro sol, cuyo intenso calor nos arrebata... Nos confundimos con el corazón de la rosa, hija de la belleza. Somos las criaturas del verano, el aliento del anochecer, los días, cuando todo puede esperarse. Somos la irretornable sonrisa del ausente vislumbrada en las hojas del estío, aquél sol y sus desdeñantes luces falaces.

     Quisiera expresar este recuerdo... pero ya se ha extinguido... como si no quedara nada... puesto que lejos, en mi primera adolescencia, reposa. Una piel como hecha de jazmines... noche de agosto (¿Era agosto?) Noche... Apenas recuerdo ya los ojos; eran, creo, azules... ¡ah, sí! De un azul zafiro.

     Recuerda cuerpo no sólo cuánto fuiste amado ni tan sólo los lechos en los que te acostaste conmigo, sino también esos deseos que para ti, claros, brillaban en los ojos y temblaban en la voz y los frustró un fortuito obstáculo. Ahora que ya todo yace en el pasado, hasta casi parece que te entregaste a esos deseos, recuerda cómo brillaban en los ojos que te estaban mirando; y cómo temblaban en la voz para ti, recuerda cuerpo.

     El cuarto era pobre y ordinario, oculto encima de la equívoca taberna. Por la ventana se veía la calleja, estrecha y sucia. Desde abajo llegaban las voces de unos cuantos parroquianos que se divertían jugando a las cartas. Y allí, sobre vulgar y humilde lecho, fue mío el cuerpo del amor, y poseí los labios voluptuosos y rosados de la embriaguez, rosados de una embriaguez tal que incluso ahora, al escribir ¡después de tantos años!, en mi casa tan sola, me embriago una vez más.

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