PorFinBlog

Un Blog por y para las Artes Escénicas, en Jaén y en el mundo.

AY ANA, ANA!

AY ANA, ANA!

     Ana me dejó. La quería. Sufrí. Ay, Ana. No sabía qué hacer. Me paseaba de un lado al otro en el piso de Avenida Libertad. Y el piso es chico. Me sentaba, caminaba, volvía a sentarme, lloraba antes de dormir.

     Estaba en la hoja del periódico que envolvía la lechuga. Así llegó a mis manos el Sudoku. Me llamó la atención la cuadrícula, junto al horóscopo. Muchas casillas vacías y algunos números. Fue raro: no hizo falta leer las reglas. En la cuadrícula de diez por diez, había que completar las casillas de forma tal que en las columnas y filas aparecieran, sin repetirse, los diez números del sistema decimal. Había tres niveles: fácil, medio y diabólico.

     Me obsesioné. A la semana, ya dominaba el diabólico. Como los del periódico no me bastaban, compré en una librería una revista de Sudoku, que venía de Italia. No era cara. La liquidé en un fin de semana. Mi cerebro vomitaba las series numéricas con una agilidad que me sorprendía. Ana se fue borrando de mi mente, pero supuse que reaparecería si dejaba el Sudoku. Volví a la librería y compré más revistas.

     Los recuerdos que tenía de Ana se fueron mezclando con los números en mi cabeza. Ya no distingo su hermosa sonrisa de un tres, o una suave caricia de un ocho. Y mis días se fueron haciendo más livianos: siete y cuarto suena el despertador, tres minutos de remoloneo, ocho pasos hasta el baño, sesenta y cuatro cepilladas maxilar superior, sesenta y cuatro maxilar inferior, hervor del agua en seis minutos a fuego mínimo, a las siete y treinta y ocho ya sobre la bicicleta, mil quince pedaladas hasta el semáforo de la avenida, veinticuatro segundos hasta la luz verde, ciento veintitrés pedaladas más y llego al restaurante a las ocho en punto.

     Ayer murió Ana. La atropelló un coche. No lloré ni una lágrima. Y eso que la quería como a nadie. Justo ese día batí mi récord: un diabólico en seis minutos y tres segundos.

5326 Hits
0 Comentarios

NOCHE ETERNA

     En la amanecida

los insomnes minutos

corren en desesperada huida,

mientras el hálito

de tu cuerpo

calienta esta cama vacía.

     Ensimismado,

con el placer aún humedo

en mis manos,

busco tus caricias

en la noche eterna del alma;

pero tú, pantera herida,

me has dejado

solo el murmullo de tus labios

y la embriagante presencia

de tu aroma a jazmín

y azucenas

de omnubiladas

pasiones de la carne.

     ¿Volverás esta noche

al nido del amor atemperado?

¿Dejarás que mis dedos

redescubran

la geografía oscura

de tu cuerpo?

Continuar leyendo
4349 Hits
0 Comentarios

LA BUHARDILLA DE TÍA MAITE

LA BUHARDILLA DE TÍA MAITE

      1. El lunar.

     Desde aquella tarde nada fue igual con Teresa. Habíamos perdido la inocencia para dar paso a un deseo desbocado, a una atracción fatal que, inevitablemente, nos llevaba, cada tarde a las siete, a la buhardilla de la casa de Tía Maite donde, con una liturgia que se repetía una y otra y otra vez, yo le desabrochaba la hebilla del sujetador sin ni siquiera quitarle la blusa. Ella se dejaba hacer convencida de que, tras el ritual, mis besos se dirigirían a esa zona entre la nuca y el hombro derecho donde (lo comprendí casi en la tercera sesión de nuestros encuentros a hurtadillas) se concentraba ese punto de inflexión en el que ella, transida de placer, caía en mis brazos, entregada en un trance que nos acercaba a ambos al éxtasis.
     Teresa tenía un gracioso lunar en la rabadilla y yo, fetichista de los minúsculos detalles pese a mis escasos 19 años de edad, me concentraba en lamerlo con delectación hasta la saciedad. El vello transparente que le cubría esa zona se erizaba como una diminuta selva tropical, y el cosquilleo me llevaba a una excitación extrema que ella aceptaba con unas suaves caricias sobre mi pene en el límite ya de su grosor. Pero éramos conscientes ambos de que todavía quedaba tiempo para que nuestros cuerpos se fundieran a través de los sexos humedecidos; nos gustaba ese sufrimiento de la espera, pues la saliva de nuestras bocas enardecidas desbordaba los pezones de ella y mis orejas...

Etiquetas:
Continuar leyendo
16727 Hits
0 Comentarios