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Un Blog por y para las Artes Escénicas, en Jaén y en el mundo.

SIMPLEMENTE, TEATRO

     Cuando un Certamen de Teatro Aficionado basa su filosofía en ser escaparate de la diversidad teatral que, desde la óptica vocacional, se produce en nuestra comunidad andaluza, y empieza su trayectoria abriendo fronteras más allá de nuestros límites comarcal y provincial, hace pensar que su futuro está asegurado.

     He formado parte del Jurado que la Asociación Cultural Teatro Don Bosco ha elegido para valorar esta 1ª Edición del Certamen Andaluz de Teatro Aficionado, y he podido comprobar que existe una intención romántica, tal vez, pero efectiva, seguro, de que el Teatro Don Bosco de Úbeda tenga vida propia con una programación estable que dé a esta sala el valor escénico que tiene y la tradición teatral salesiana merece.
      Tres grupos han protagonizado esta iniciática edición: “La Revolera” Teatro, “Ofecum” Teatro y “Umbriel” Teatro, con tres propuestas diferentes, aunque marcadas por la memoria y los sentimientos, que nos dejaban, a los que hemos tenido la ingrata tarea de valorar estos trabajos, un regusto agridulce, pues hemos podido comprobar que, desde el trabajo amateur se hacen cosas muy dignas y con estructura escénica muy profesional, pero que, sin embargo, no tienen la repercusión.
      Como siempre, lo que hace grande a este arte efímero y eficaz, son las emociones que produce en el espectador y, en este sentido, creo compartir con mis compañeros del Jurado el mismo resumen: grande la idea del Certamen, grandes la selección, y grande el resultado.
      Teníamos que otorgar unos premios y, en esa tesitura, conseguimos ponernos de acuerdo en que de las tres propuestas dramáticas representadas sobre el tablado insomne del Teatro Don Bosco (hasta en el nombre habéis acertado), una de ellas resaltaba sobre las demás que, cada una en su nivel, también dejaron buenas vibraciones en el público que las disfrutó. Es así que, por unanimidad, el Jurado del I Certamen Andaluz de Teatro Aficionado Don Bosco de Úbeda, ha decidido otorgar los siguientes premios:
      * 2º Premio a la puesta en escena de la obra “Olivia y Ana”, en versión del Grupo “Ofecum” Teatro.
      * Mejor Interpretación a Mila Estepa, por su creíble personaje de “Olivia” en la misma obra.
    * Mejor Propuesta Escénica a “Soliloquio de grillos”, de “Umbriel” Teatro, por hacer de la escenografía de su espectáculo un personaje más.
    * Mejor Espectáculo a “Soliloquio de grillos”, de “Umbriel “ Teatro, por haber conseguido un heterogéneo conjunto en el que escenografía, interpretación e historia se dan la mano.
      Finalmente, gracias Elisa, Alfonso y Gregorio por haberme acompañado en esta aventura teatral, y a la Asociación Cultural Teatro Don Bosco por seguir creyendo en el mensaje del santo turinés de que el teatro es una herramienta integradora.

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POR SAN BLAS, LAS ROSQUILLAS

   

     San Antón, La Candelaria y San Blas, de manera casi seguida, fueron grandes fechas para los perogilenses de antaño que, incluso, paralizaban la jornada laboral para celebrar con todos los honores de fiesta al santo de turno que, incluso, era procesionado por las calles de la localidad. Fiestas cuyos origenes habría que buscarlos muy atrás en la historia pero que, todas, mantienen una tricentenaria edad llena de anécdotas que, como recuerda el cronista oficial de Torreperogil, Ginés Torres Navarrete, tenían un bien continuado respaldo de la oficialidad municipal, "que según era el poder económico cada año, así era el festejo".

    Con San Antón se iniciaba el ciclo y con los Carnavales se cerraba. Y así continúa siendo, pues precisamente ambas celebraciones son las únicas de todo el abanico de tradiciones festivas de invierno que aún hoy se conservan en Torreperogil. La Candelaria y San Blas completaban el periplo festivo que tenía en el fuego su constante. Las hogueras de San Antón y La Candelaria y las roquillas de San Blas eran las estampas por las que cada fiesta se conocía e identificaba en el pueblo. Junto a estos acontecimientos, las tortas y el tueste de garbanzos se degustaban por vecinos y amigos alrededor de las lumbres. Pero los autenticos protagonistas eran los niños, sin lugar a duda. Una legión de pequeños ciudadanos disfrutaban de lo lindo con la ilusión de acudir a la iglesia portando las rosquillas de San Blas, a las que luego hincaban el diente "para -como decían los mayores- que el santo nos guarde el tragapán (la garganta)".

    Los cigarrillos de matalahuga por San Antón, las tortas por La Candelaria y las rosquillas por San Blas son, pese a todo, vestigios de estas tradiciones pasadas que aún hoy, con la costumbre de la fiesta perdida, en los casos de La Candelaria y San Blas, conservan muchos hogares perogilenses. Todavía hoy, ya metidos de lleno en el tercer milenio, hemos podido saborear las rosquillas de San Blas, bendecidas antes, como antaño, por el cura párroco, con su sabor a anís y romero. Al menos, si no con el esplendor de otros tiempos, aún hay personas en Torreperogil para mantener una testimonial presencia de tradiciones pasadas.

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UN BELÉN VIVIENTE EN LA NAVIDAD PEROGILENSE

     Esta pasada Navidad, Torreperogil ha vivido un acontecimiento que, desde allá por los años 70 no se producía en este rincón de La Loma: la recreación del Belén de la época de la llegada del Mesías en la tradición cristiana. Y esto me hace rememorar que en el teatro medieval, nacido dentro de la iglesia, se solían representar por sacerdotes diversas piezas cortas que ilustraban aquellos pasajes del evangelio de dificil comprensión, aunque fueran muy emotivos. Estas piezas cortas se agruparon en ciclos, los más destacados fueron el de Navidad y el de Pascua.

     En el ciclo de Navidad, dos fueron también los temas más representados: la adoración de los pastores y la Epifanía. Los textos solían ser escritos por miembros del estamento eclesiástico y tenían gran aceptación por parte del público. Sin embargo, el Concilio de Trento prohibió las representaciones en los templos, pero ese hecho no supuso ningún obstáculo para que teatralizaciones de temática navideña se continuaran escenificando en las plazas y en otros recintos profanos. Los "pastorets" en Cataluña o los Belenes en el País Valenciano son buena muestra de la pervivencia de esta tradición.

     Una tradición que nos ha llegado íntegra hasta hoy y que, sobre todo en pueblos pequeños, implica en su conservación a grandes y chicos. Es así que Torreperogil, una localidad con mucho arraigo en sus tradiciones (la Asociación Cultural "Historia Viva" tiene mucha culpa de ello), rememoraba en estas fechas navideñas el esplendor o la simple esencia de los "nacimientos", con la puesta en escena de estas escenografías en miniatura en casas y locales comerciales y, ahora también, con un Belén Viviente que la comunidad escolar del CEIP "La Misericordia", bajo la dirección de Paco Mendieta, puso en pie ocupando todo el entorno de la Plaza de la Villa, a la que conviertieron por unas horas en el Belén de Judá.    

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"RECUERDA, CUERPO"

     Somos las tinieblas en el ardor del día, las desenraizadas flores en el aire, la frescura. Somos el agua posada en las hojas en presencia de la muerte. Nuestro sol, cuyo intenso calor nos arrebata... Nos confundimos con el corazón de la rosa, hija de la belleza. Somos las criaturas del verano, el aliento del anochecer, los días, cuando todo puede esperarse. Somos la irretornable sonrisa del ausente vislumbrada en las hojas del estío, aquél sol y sus desdeñantes luces falaces.

     Quisiera expresar este recuerdo... pero ya se ha extinguido... como si no quedara nada... puesto que lejos, en mi primera adolescencia, reposa. Una piel como hecha de jazmines... noche de agosto (¿Era agosto?) Noche... Apenas recuerdo ya los ojos; eran, creo, azules... ¡ah, sí! De un azul zafiro.

     Recuerda cuerpo no sólo cuánto fuiste amado ni tan sólo los lechos en los que te acostaste conmigo, sino también esos deseos que para ti, claros, brillaban en los ojos y temblaban en la voz y los frustró un fortuito obstáculo. Ahora que ya todo yace en el pasado, hasta casi parece que te entregaste a esos deseos, recuerda cómo brillaban en los ojos que te estaban mirando; y cómo temblaban en la voz para ti, recuerda cuerpo.

     El cuarto era pobre y ordinario, oculto encima de la equívoca taberna. Por la ventana se veía la calleja, estrecha y sucia. Desde abajo llegaban las voces de unos cuantos parroquianos que se divertían jugando a las cartas. Y allí, sobre vulgar y humilde lecho, fue mío el cuerpo del amor, y poseí los labios voluptuosos y rosados de la embriaguez, rosados de una embriaguez tal que incluso ahora, al escribir ¡después de tantos años!, en mi casa tan sola, me embriago una vez más.

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CENIZAS, GUIRNALDAS, PISADAS

     Somos concebidos en el sueño, en el deseo de otros. Buscados o fortuitos, pateamos el vientre de nuestra madre ansiosa por sacarse el amasijo de encima. Anidamos en su vientre alabado, somos nobrados y nos hablan sin esperar respuestas. Finalmente, nacemos a la historia. Nuestra condición es la de ser sujetos de la palabra. La naturaleza entendida como esencia del ser, como unidad esencial de la vida, es nuestra primera prohibición. Sin embargo el aprendizaje y la experiencia nos permiten descubrir que había permanecido siempre ahí, coexistiendo con la historicidad.

     La poesía es un intento de revelar la suplantación abusiva de la naturaleza. A través de la conducta poética, pretendemos replantear su lugar en el interior de la historia, mostrando el equilibrio o la violación de sus relaciones. La poesía no es lenguaje, es naturaleza. El lenguaje es su opresión. No nos imaginamos la poesía más que como lenguaje porque comenzamos a concebirla dentro de él, y a su vez, el lenguaje nace en el interior de la historia. Un poema debe ser una fiesta del intelecto. No puede ser otra cosa. Es un juego, pero solemne. Celebramos algo llevándolo a cabo y representándolo en su estado más puro y bello. Terminada la fiesta, nada queda. Cenizas, guirnaldas, pisadas...

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YO SIGO AHÍ

    

     La noche sexitana, una copa de vino compartida 30 años después, los recuerdos que vuelven en catarata de nostalgias, y un desplome de cariño antes de la inminente tormenta, me despiertan la ternura de las infinitas tardes de juegos y "adivina adivinanza", en la verdad de los quereres inolvidables, en la inmensidad de los amparos imperecederos.

     Es necesario volver, pues la espera me lleva, inevitablemente, a comprender que recuperar la verdad del cariño nos hace grandes. Siempre nos quedará nuestro Paseo del Prado y un "yo sigo ahí".

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